domingo, 12 de mayo de 2013

La tercera España


El pasado sábado 20 de abril de 2013, Televisión Española ofreció en su espacio Somos Cine el film La buena nueva, dirigido por Helena Taberna en el año 2008, el argumento del cual era el de un sacerdote que es destinado a un pueblo dominado por los socialistas en la época de la República, y que vive el momento del alzamiento de la denominada España nacional contra el gobierno republicano, y muestra como el cura interviene no en nombre de ninguna cruzada nacional, sino en nombre del Evangelio y de las personas, intentando impedir los asesinatos de la gente que no comulgaba con las ideas de los alzados, ni tan siquiera de las suyas propias. Esto me hizo pensar en la memoria histórica, de la cual no había hablado hasta ahora en el blog, y en el mito de la dos Españas enfrentadas, de las Españas radicalizadas a un lado y otro. Pero también hubo una tercera España, aquella que, salvando las distancias ideológicas, creía más en las personas y que huía de las radicalizaciones que se producían a un lado y otro. Así, ni todos los españoles de izquierdas eran unos anticlericales exacerbados, ni todos los españoles de derechas ni todos los curas eran unos radicales de la “gloriosa cruzada nacional”. Mientras los canales oficiales si estaban en pos de ello, muchos, en un lado y otro, arriesgaron sus vidas y trabajaron para salvar de la muerte a muchas personas que no pensaban como ellos. El cura de la película, es un ejemplo de ello.
Yo, personalmente, tengo un ejemplo de una persona que hizo lo propio en el pueblo natal de mi padre, Aniñón. Durante la guerra civil, Aniñón estuvo en todo momento en zona nacional, y en territorio de retaguardia, y en ella, descansaban y se abastecían los soldados del ejército nacional. Aniñón, plaza socialista, tenía numerosas personas que figuraban en las listas de los capitostes locales favorables a los nacionales, así que cuando estalló el alzamiento y la guerra, las listas estaban a punto. Pero surgió una figura, que según recuerdan los viejos del lugar evitó tantísimos fusilamientos, avalando a la mayoría de personas que figuraban en las listas, una persona que hoy tiene dedicada una plaza en el pueblo: mosén Antonino Peiró. Él solía decir que el peor de los rojos del pueblo era casualmente su sacristán, y con su actuación evitó y avaló a numerosas personas de izquierdas en el pueblo. También solía decir que, no por ir a misa, las personas eran mejores o peores, que se trataba de creer. Así que este personaje aún es recordado en Aniñón como una buena persona. Yo lo puedo decir con mucha razón, pues mi abuelo y sus hermanos estaban en las listas, y el mosén los avaló. Dos años después de ello, nació mi padre.
Como mosén Antonino Peiró, hubo tantas y tantas personas que protagonizaron gestas anónimas, a ambos lados, salvando a personas que no por no pensar como ellos, las iban a dejar matar, que ellos fueron la tercera España, aquella que, probablemente en otras circunstancias, hubieran protagonizado otro tipo de política, otra forma de hacer diferente, a la que, por la radicalización, provocó un conflicto que, aún hoy en día, marca la vida de muchas personas. No deben caer en el olvido estas personas. Éste debe ser el cometido de la memoria histórica. No olvidar los hechos, para que no se vuelvan a repetir, y no olvidar a las personas, para que sus hechos no desaparezcan, que no se los lleve el viento del olvido. Hoy en día, la crisis y la falta de perspectivas de salir de ella, y el desarraigo hacia la política tradicional, están generando, a izquierdas y derechas, movimientos de radicalización que, en algún modo, preocupan por su hipotética deriva. El excesivo populismo de algunas ideas hace rebrotar la idea de la deriva hacia otra vez las personas enfrentadas a un lado y otro. No se trata de criminalizar los movimientos sociales, pero hay quien se aprovecha de ellos para crear un ambiente proclive al enfrentamiento. Un nuevo auge de los extremos. Es ahí donde la memoria histórica debe actuar, para que no se repitan los hechos del pasado, para que estos hechos no se amasen con las manos del presente.

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