jueves, 5 de diciembre de 2013

Adán y Esteban. Ambiciones y reflexiones. Adictos al Sálvame.

Hace pocos días, en 8tv repusieron, por enésima vez, la oscarizada película Philadelphia, en la que Tom Hanks interpreta a un abogado gay que es despedido de uno de los bufetes más importantes de la ciudad por el hecho de tener el SIDA. El personaje demanda a sus exjefes por este hecho. El primer día de juicio, en la salida del juzgado, hay una multitud pro y contra la demanda, y me sorprendió una de las frases que parte de esa multitud gritaba. Decía así: “Dios creó a Adán y Eva, no a Adán y Esteban…”, evidentemente refiriéndose a la opción sexual del protagonista.

   Pero mi mente se abstrajo en aquel momento en las palabras de esa frase, “no a Adán y Esteban”, y pasó por ella, por mi mente claro, la imagen de Esteban. Pero no la de Esteban (hombre), sino la de Esteban, Belén Esteban. Podréis opinar que vaya paja mental que se ha hecho éste… Pero es que hay personajes que parece que estén en el mundo desde el principio de los tiempos, que crean escuela (jo, que atrevimiento decir esto de crear escuela).

   Y es que Belén Esteban, se quiera o no se quiera, se ha metido tanto en la vida de todos, que ya parece que no se pueda vivir sin ella, sin oír sus historias con el torero Jesulín (otro inteligente, por cierto, en dos palabras, in y teligente), la familia Janeiro, su hija Andreíta y todos sus líos, sin los cuales, sin duda, esta señora no sería nadie.

   Yo no sé si Adán hubiera preferido seguir siendo acompañado por Eva, si hubiera preferido a Esteban (ay, Dios mío, la humanidad), o si hubiera preferido a Belén Esteban, o si ésta era la serpiente que causó la expulsión del Paraíso, o fue la que invitó al cainismo con aquello de “yo por mi hija mato” (jo, que trascendente me estoy poniendo para hablar de la Esteban).

   La gente no sabría decir quién es Kafka, Proust o Joyce, Beethoven o Mozart, Lorca o Machado, pero puedo asegurar que el 100 % de la gente sabe quién es Belén Esteban, porque hasta aquellos que fingen no saber quién es, mienten como bellacos, porque cuando los escrutas un poco, saben siquiera un detalle de esta elementa (pero no de museo).

   Esta señora tiene un gran poder de convocatoria. Basta decir que sale en Sálvame, o en el Deluxe, o cualquiera de estos rancios sucedáneos presentados por el polifacético (o polipatético) Jorge Javier Vázquez, para que la audiencia aumente en progresión aritmética, y oír las reflexiones de tan educada persona, denominada por los suyos la Princesa del Pueblo, las cuales al día siguiente son la comidilla en cualquier tertulia, ya en la peluquería, ya en la oficina, ya en dónde sea.

   Sólo me faltó oír que esta señora, la Esteban, Belén Esteban, ha escrito un libro (ay los benditos tiempos en los que la escritura estaba circunscrita en un ámbito de eruditos, y que astutos los editores, editando el libro más mediático de la temporada, y que va a ser libro de culto de sus seguidores(as) más atrevidos, lo que les va a dar unos pingües beneficios…).

   El libro se va a llamar, Ambiciones y reflexiones. No sé si lo van a tener en el FNAC, o en las librerías de culto de nuestra ciudad. Lo que si va a ser seguro un best seller de quioscos y pequeñas librerías. Una biografía, dice… A mí me sorprenden algunos que escriben (o más bien, les escriben) su biografía, como aquel que puede contar la mejor historia del mundo, una vida cautivante.

   Ambiciones y reflexiones. Esta moza, ¿qué ambiciones (*) puede tener que ya no conozcamos dichos de su propia boca? Si es que a través de la telebasura, ya conocemos lo que quiere, lo que ambiciona, lo que desea, cuáles son sus inquietudes (ah, ¿pero tiene?), pero ya lo que me parece un despropósito es lo de las reflexiones. Esta señora, con esa boca privilegiada que tiene, que suelta mil barbaridades por metro cuadrado cuando habla (o grita, o berrea…), ¿qué reflexiones puede tener como para que todos (o al menos aquellos que compren el folletín) estemos tan interesados en ella?

(*) Ya sé que la Esteban juega con el nombre de la finca de los Janeiro, pero es más interesante pensar en el argumento sobre qué ambiciones puede tener…




   Desde luego, sus padrinos mediáticos, Jorge Javier y todo ese corifeo de personajes de media estofa que salen en antena todos (si, todos, o casi todos) los días, y en cualquiera de los canales de la emisora, que han destrozado de forma impune e implacable ese mundo del corazón, que antes sólo conocíamos a través de las revistas, han hecho una labor magnífica de evangelización mediática, ante la cual la gente cae como moscas a la miel.

   Recientemente, en una entrevista publicada en La Vanguardia (25.11.2013) a Xesús Alonso Montero, filólogo y presidente de la Real Academia Galega, se dice lo siguiente que reproduzco: “Entre los cinco libros que Alonso Montero dejó aparcados para asumir la presidencia de la Real Academia Galega no está uno que escribiría si tuviese tiempo. Versaría sobre Belén Esteban, un personaje que dice interesarle especialmente, al tiempo que confiesa que ve mucha televisión basura. Tengo que verla para saber por dónde va este país. Telecinco educa más que las cincuenta y cinco facultades de Letras que hay en España, proclama, al tiempo que aclara que usa el verbo educar en el sentido de conducir por el mal camino, que dirían los curas. Lamenta que aquí no se lee ni a los profesores y considera que es una minoría la gente que no está educada por Belén Esteban.

   O sea, que Esteban, Belén Esteban (más quisiera que ser Bond, James Bond…) en realidad era la serpiente. Conduce al mal camino. Imagínense que ejemplo para los que suben ahora, me refiero a niños y adolescentes, que ven en la educación un esfuerzo inútil, cuando estos petimetres sin cultura ni educación alguna suben como la espuma, y están forrados hasta las cejas. Qué esfuerzo podemos pedirles a partir de ahora, si nosotros admiramos, aunque sea para criticarlos, a estos “ejemplos de superación”. Cómo podemos decir a nuestros hijos que la cultura de la inmediatez no es buena, si luego le doramos la píldora a esta persona (o a otras de la misma calaña).

   Y es que la multitud de adictos al Sálvame (u otros programas del estilo) es impresionante. Si hicieran un informe PISA sobre los conocimientos de telebasura que la población española adulta (y no tan adulta, a pesar de que, en principio, emiten en horario de especial protección infantil…) tienen. Sobre qué le ha pasado a Belén, o a Rosa Benito, o a…, sustitúyalo por cualquier otro sujeto de poca estofa de los que salen, y que no eran conocidos, sino por tener relación con …, y vuélvalo a sustituir por cualquier otro personaje asiduo de este “magnífico y educativo programa vespertino”.

   Y es que este gran mago de la televisión, este portento periodístico, llamado Jorge Javier Vázquez ha hecho muchos méritos para salir en los manuales de la mejor praxis periodística de aquí a la posteridad. Desde el Tomate a nuestro querido Sálvame (diario o Deluxe), ha sembrado una manera particular, podría llamarse fenómeno de masas, que ha hecho que señoras, señores, de todas las edades, de forma continuada o por partes o en pequeñísimas fracciones, vean ese subproducto y se imbuyan en la mejor de las escuelas de la buena educación, de la mejor educación. Muchos me llamarán reaccionario, o pensarán que considero al que ve este programa como poco educado o que lo menosprecio.

   No, no es así. Al contrario. Ya he dicho que, a pesar de que haya mucha gente que reniegue, alguna vez se ha tragado, ni que sea en un zapping, partes de este programa, incluso gente que pueda pensar que es más inteligente que los demás. Incluso yo, que lo estoy criticando, reconozco que me lo he tragado en muchas ocasiones. Pero considero que ya es hora que se haga algo para remitir ciertamente este tipo de programación, o trasladarlo, ni que sea, a un horario más oportuno para este tipo de programas, y no en el horario de especial protección infantil.

   Si no mes está pareciendo que se intenta reproducir el patrón entre nuestros hijos, nuestros adolescentes, aquellos que ahora suben, y que ven que sujetos formados en subproductos tienen éxito. Si, éxito. Y que se quiere reproducir ese modelo, y que pueden adoptar ese modelo.


   La época de los payasos de la tele, los Chipirifláuticos o la Bola de Cristal en horario infantil ha pasado a mejor vida. Ahora se lleva cualquier sujeto de esos del Gran Hermano o, como no, Esteban, Belén Esteban…


Capvespre a Punta Nati. La pedra seca

     Quan vaig planificar les meves vacances a Menorca, preguntant a gent que ja hi havia anat, un company de feina em va dir: “Sobre todo, no te olvides de ir un atardecer a Punta Nati, cerca de Ciutadella, porque la puesta de sol en Punta Nati es espléndida, una maravilla”.

   Una tarda, després de tornar de la platja d’Algaiarens, agafant la Ronda Nord de Ciutadella, vam anar a parar a la carretera que porta al far de Punta Nati, al nord de la ciutat, i al nord-oest de l’illa de Menorca. Es pren un camí estret, rodejat dels omnipresents murs de pedra que rodegen les finques. El camí finalitza de sobte, i has de deixar el cotxe a un voral del camí, sense asfaltar, que arriba al far de Punta Nati.

   El paisatge, impressionant: fins allà on l’ull veu, grans erials separats per murs i murs del que aquí anomenen “pedra seca”, i enmig de moltes d’aquestes finques sense conreu, ermes (o, aparentment ermes), construccions de pedra, el que aquí anomenen “ponts”.

   Caminant, s’arriba al far, que s’ha de rodejar, entre incòmodes, feréstegues i punxegudes roques, llaurades per la sal, el vent, l’aigua i les temperatures extremes, un inhòspit paisatge sec, amb poca o nul·la vegetació, cuidant a on poses els peus per no caure,  fins a arribar, o bé als penya-segats, o bé a les edificacions o búnquers que van servir per defensar Menorca durant la Guerra Civil i dels enemics exteriors, pujant a la seva superfície escalonada, i, seguts als seus graons, o bé als penya-segats, esperar a la posta del sol. Vaig contar desenes, potser un centenar de persones.

   El panorama és, senzillament, preciós. Els tons blanquinosos, color crema, de les roques dels innumerables murs de pedra seca, de les construccions circulars immenses, que conformen els “ponts”, i les roques dels penya-segats, van adquirint un to ataronjat a mida que el sol es va ponent a l’horitzó, a la línia del mar, que també impressiona, la tranquil·litat, el silenci, només pertorbat pel soroll del vent i de les ones repicant en la base dels penya-segats.

   Poden passar vint o trenta minuts, però es fan curts davant l’espectacle: poc a poc, el sol arriba al seu ocàs diari sobre la mar, deixant-ne reflexes ataronjats sobre les seves aigües, reflexes ataronjats sobre el rocam i la pedra seca, amb la figura, a la llunyania, de les acaballes de la serra de Tramuntana i de Llevant de l’illa de Mallorca, sobre la mar.

   És, sens dubte, un espectacle meravellós. No us oblideu d’anar-hi, si us agraden els capvespres amb una posta de sol bonica, sobretot a romàntics i enamorats.


La paret seca i les construccions de pedra seca a l’illa de Menorca


   Com he dit abans, a la zona de Punta Nati impressiona per la quantitat de murs de pedra seca, i també de una sèrie d’edificacions, en forma circular, que abunden i modelen el paisatge. Però no és només a Punta Nati que trobem aquestes murades, ni aquestes edificacions. Murades de pedra seca, en podem trobar a tota l’illa de Menorca.

   El sistema de murades per parcel·lar i dividir el terreny reben el nom de paret seca, construcció feta amb les pedres i roques del terreny, encaixades entre elles sense que estiguin unides per cap material, com morter, fang o qualsevol material, encaixades, doncs, totalment en sec.

   Els seus constructors no van haver de buscar les pedres gaire lluny: aprofitaven les pedres i roques escampades sobre la parcel·la que pretenien llaurar, conrear o dedicar a la pastura dels ramats. Feien servir les murades amb diverses funcions. La principal era la de separar entre propietats, i a la vegada, en una propietat, dividir la parcel·la en fraccions òptimes pel conreu o per la pastura, segons convingués. La seva alçada és variable, encara que es veuen murades d’alçades considerables, que es feien per protegir els conreus i els arbres de les inclemències meteorològiques, com el vent.

   Cada porció de terra delimitada per paret seca rep el nom de tanca, que té un nom propi, que li dóna el pagès per diferenciar unes de les altres. Les tanques es comuniquen entre si pels anomenats portells, una espècie de portes o barreres, fetes d’ullastre, amb una forma molt característica de l’illa, de manera que el ramat pot canviar de parcel·la o tanca, obrint el portell o barrera segons vulgui el pagès.



   Les parets que separen una explotació d’una altra, que solen ser murades de major consistència i alçada de les altres, s’anomenen parets mitgeres.

   A part, hi ha altres elements com els botadors, que són una filada de pedres planes que sobresurten de la paret, com si fos una escala senzilla, amb diversos graons, per poder saltar la paret amb comoditat; d’una altra part hi ha les passadores, que són unes petites perforacions fetes a la paret arran de terra i que permeten el pas controlat de ramat, fetes amb una superposició de pedres als costats i una llosa horitzontal que fa de llindar. També poden haver menjadores pel ramat, i canalitzacions de pedra per a la conducció d’aigua procedent de sínies, per regar.

   La construcció s’encarregava als paredadors, que col·locava primer unes pedres basals encaixades al terra, a les que s’anaven superposant filades de pedra seca, d’una amplària diversa, en funció de l’alçada desitjada. Es van encaixant i reforçant de forma quasi perfecta, sense utilitzar cap material compactant, com ciment, morter, fang..., com ja hem dit, totalment en sec.

   Una altra construcció característica en pedra seca és l’anomenat pont. És un tipus de construcció que impressiona a la vista, i que són molt típiques de les rodalies de Ciutadella. Es tracta d’unes edificacions de planta circular, amb un gran espai interior, algunes esgraonades com si fossin petites piràmides circulars, de fins a nou metres de diàmetre, donant-li una mena de monumentalitat, que fa pensar en un origen prehistòric, que són una herència d’una tradició de construcció en pedra seca, present a altres illes del Mediterrani Occidental, com Sardenya, Sicília, Malta o la mateixa Mallorca, amb una funció concreta: guardar el ramat.


A peu per la Costa da Morte. La Galícia atlàntica. Josep Maria Espinàs. La sentència del Prestige

   Quan vaig començar a llegir aquest relat de viatges, escrit per Josep María Espinàs, no podia imaginar que aquella mateixa setmana sortiria la sentència del judici als responsables del desastre ecològic causat pel vessament de fuel provocat per l’enfonsament del Prestige. I és que a aquest relat en parla, i això fa més interessant la lectura per a mi.

   De Josep Maria Espinàs, ja fa temps, vaig llegir un dels seus molts relats de viatges, el que feia el recorregut A peu per la Matarranya. I és que aquest escriptor i periodista és un dels grans narradors de rutes de l’actualitat, gènere cultivat per nombrosos autors, però molt ben representats, avui en dia, a nivell literari per Espinàs, a nivell audiovisual per l’aragonès José Antonio Labordeta, amb el seu País en la mochila, on reflecteixen molt bé els paisatges i els pobles, però també els costums i les converses de les persones amb les que es van trobant. I és que Espinàs (Barcelona, 1927), que escriu habitualment al Periódico de Catalunya, Premi Ciutat de Barcelona, Premi Nacional de Periodisme i Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, autor d’una desena de novel·les, però pel que també és molt conegut és pels seus llibres de viatges, que ha fet arreu dels Països Catalans i, també per l’Aragó, Castella, País Basc, Extremadura, Andalusia, Múrcia i, com en aquest cas, per Galícia. Veritables relats, barreja del seu esperit narratiu, literari, però també periodístic, un text novel·lat de paisatges, vivències i convivències...

   I és que A peu per la Costa da Morte. La Galícia atlàntica, publicat per Edicions la Campana, en primera edició al 2004, transcorre per la Galícia més feréstega, més salvatge, la Galícia de la Costa da Morte, de la costa de la mort, aquella on tants i tants vaixells han embarrancat o s’han enfonsat. Un recorregut que s’inicia a Laxe, discorre per Camelle, Camariñas (on pren la barca d’en Xiba per anar a Muxía), Muxía, Lires, Corcubión (i Cée), per acabar la ruta a peu a Fisterra, al far de Fisterra.

   En el seu recorregut, passa per llocs inhòspits, feréstecs, d’una bellesa singular... Penya-segats, rocams i platges, pujades i baixades per camins solitaris, “(...) Només el soroll del mar, un únic soroll que crea el silenci. Quan en Sebastià va al davant i s’allunya una mica, perquè jo he afluixat el pas, badant, o apuntant algunes paraules, el veig a setanta metres, a cent metres, i així com la remor de les onades m’ha fet adonar del silenci, la petita figura de l’home que camina em dóna la mesura de soledat d’aquesta costa. Una soledat immutable. Un espai on la nostra presència no té cap pes. Hi ha una sargantana immòbil sobre una pedra. Tinc temps de mirar-me-la. Segurament no em veu. Segurament mai no ha vist cap ésser humà”.

   Però el més interessant és la seva relació amb la gent que es va trobant en el seu pas, el feedback que es produeix entre el caminant i aquelles persones que es troba, o que va cercant, i els seus diàlegs, les seves conversacions, els temes sobre els que parlen. I , de què parla Espinàs amb la gent que es troben ell i els seus companys de ruta, la Isabel i en Sebastià? De què es pot parlar a Galícia, i més concretament a la Costa da Morte? De política, del chapapote, de l’emigració, de la dura vida del mar, de la vida en els petits pobles... Els personatges, els que es va trobant al seu pas: des del taxista que el porta de l’aeroport de Santiago a Laxe, el Rubio de Camelle, la vella que fa puntes, Lorena la alemanya, el Xiba, els amos dels hotels, l’hostalera de Camelle, el venedor de bicicletes, els militars que netegen les platges, els camioners, els pelegrins que arriben a Fisterra, o, simplement, qualsevol grupet de persones, amb els qui tenir una mica de conversa. Parlar de política i chapapote (coincideix amb unes eleccions municipals), de les subvencions que van rebre molts, de perquè malgrat tot guanya el PP a Galícia, després del chapapote, de la vida dura de la gent de mar i d’aquests petits pobles costaners, que sobreviuen amb la pesca (en aquests moments del llibre mermada per la marea negra), de l’emigració a altres llocs de Galícia, d’Espanya i d’Europa, són els temes principals que es van tractant en els diàlegs que va tenint amb la gent amb qui es creua.

   “Aquí hi ha un monument amb la figura d’un gallec i una maleta (...”aquí se coge mucho la maleta”...). I una inscripció que diu “Leva o noso amor os galegos espallados polo mundo”, vol dir repartits, “espallados”, però penso que, al costat dels que triomfen, quantes vides ha espallat l’emigració”. I és que aquests pobles gallecs, molt castigats per la manca de treball i l’esperit sempre emprenedor del gallec, que és capaç d’anar fins a la lluna per treballar, hi ha hagut molta emigració des de sempre, tal com ens recorda Espinàs en tot moment a la novel·la relat del viatge.

   I és que aquest lloc, considerat el final de la terra coneguda fins el descobriment d’Amèrica, de la mateixa manera que expulsa els seus fills a l’emigració, atrau també, com un imant, cents i cents de persones, com els pelegrins a Santiago, que perllonguen el seu recorregut fins a Fisterra, el Finis Terrae de l’antiguitat. “Penso que a l’Edat Mitjana ja hi havia pelegrins d’arreu d’Europa que, un cop arribats a Santiago, continuaven fins al cap de Fisterra. Per visitar, després de la tomba de l’apòstol, la tomba del sol”.

   En quant al chapapote, tema que va planejant sobre tota la narració, un episodi, el del Prestige, que tractarem una mica més endavant, es va veient l’enorme repercussió que va tenir sobre aquests pobles de la costa gallega. La gran quantitat de persones que van acudir a netejar les platges i les roques de les taques de fuel, els famosos “hilillos de plastilina” del senyor Rajoy, i que van provocar el major moviment de contesta i protesta a Galícia, el moviment “Nunca máis”, i que després va quedar en res en absolut, i aquesta gran onada de solidaritat, de milers de voluntaris que varen anar des dels punts més insospitats fins a Galícia, per ajudar a netejar, la majoria de vegades sense els equips necessaris, ni sense l’ajut de l’administració... Tal com il·lustra Espinàs, amb una poesia de l’Helena Villar Janeiro: “Que demitan os polbos e os percebes,/ os cormoráns moñudos,/ os corvos revestidos con chupa de etiqueta,/ as gaivotas de fóra do papel.../ Que demitan as xoubas,/ os alcriques,/ a xarda,/ a maragota,/ a robaliza,/ as ameixas,/ os croques,/ as navallas.../ Que demitan os ventos e as correntes,/ as ondas e as mareas/ a latitude norte,/ a lonxitude oeste,/ e a verdade./ Que os preclaros prebostes volvan a súa cabeza/ para ver o milagre de tanta demisión/ e queden convertidos, por curiosos,/ en estatuas de sal”.

   Us recomano, per tant, la lectura d’aquest A peu per la Costa da Morte. La Galícia atlàntica... Per a tots aquells que us agrada caminar, viatjar, encara que sigui a la vostra imaginació.


La sentència del Prestige: impunitat i vergonya



   Espinàs inclou en el seu llibre una sèrie de frases per a la posteritat, recopilades per un altre autor, recollides a la premsa. Algun exemple: Enrique López Veiga. “El riesgo de que la marea negra llegue a la costa no es muy alto” (15.11.2002); “Todo el fuel que tenia que llegar a la costa gallega, ya llegó” (17.11.2002); “Una marea negra es una marea negra, y es muy difícil de atajar” (22.11.2002). Mariano Rajoy. “No es una marea negra. Afecta a una parte importante de la provincia de Coruña, pero no es una marea negra”. José María Aznar. “El Gobierno respondió con diligencia y coordinación” (22.11.2012). Arsenio Fernández de Mesa. “Hay una cifra que està clara, y es que la cantidad que se vertió no se sabe”... Un veritable exemple de la improvisació, la ineficàcia, la irresponsabilitat i la impunitat en que les autoritats varen actuar en el moment del desastre del Prestige, aquella gran marea negra que es resumeix, per la seva eloqüència, en les paraules del nostre mai ben estimat president del Govern actual, Mariano Rajoy: ...son unos hilillos de plastilina.

   Però, anem a parlar de la cronologia del desastre ecològic més important dels últims temps a la costa gallega.

   El dia 13 de novembre de 2002, en allò que Fernando Ónega anomena en un article d’opinió a la Vanguardia com “autopista de petrolers”, que situaríem a l’Atlàntic, front a Galícia, a l’alçada de la Costa da Morte, el Prestige va sofrir una via d’aigua en el seu vell casc. Davant de les actuacions d’altres vegades de concentrar tot el vessament en una sola ria, aquesta vegada les autoritats marítimes de la zona envien el vaixell Atlàntic endins, partint-se per la meitat i provocant el seu enfonsament el dia 19 de novembre. Les conseqüències d’aquest enfonsament són la major catàstrofe mediambiental a Espanya. El vaixell va derramar unes 63000 tones de fuel i quasi 15000 més dins el casc, que varen contaminar un total de 2980 kilòmetres de litoral i 1137 platges a tota la costa gallega, cantàbrica i, fins i tot, a la costa francesa. Va provocar, així mateix, una de les mobilitzacions més importants de voluntaris a la història d’Espanya, per netejar a costa, sense quasi ajut de l’administració, i sent refusats, inclús per alguns alcaldes, i també una de les mobilitzacions ciutadanes més importants de la història de Galícia, l’anomenada plataforma Nunca Máis. Les autoritats, desbordades i desorganitzades, es van veure eclipsades per l’enorme moviment ciutadà. Tal com diu l’escriptor gallec Suso de Toro, aquells dies “Galicia estes días sentiuse á intemperie do mundo”, Galícia es va sentir a la intempèrie del món. “Os representantes dos gobernos estaban lonxe, moi lonxe, cazaban ou descansaban dos seus cargos. Ou cedendo a un instinto astuto fuxían, lonxe do lugar deste delito escuro. Un crime orixinado pola cobiza culpable e consentida da industria do petróleo e executado coa axuda inestimable da ineptitude dos gobernantes.” Lluny, molt lluny de les circumstàncies estaven els responsables, tant els responsables materials com els immaterials, mentre “dunha furgoneta vella baixan varios mozos, son de Quebec e de Francia, estaban en Granada cando se informaron desta desgraza, todo ese chapapote na praia que agora vai con nós nas botas. Buscan aves para limpar e coidar, non saben sequera se nesta praia hai aves alcatranadas, non saben moi ben ónde están, pero viñeron. Coma eles chegou xente das cidades galegas e de diversos lugares de Francia, Portugal, Madrid, Cataluña..., a xente de máis candor e máis lixeira equipaxe. Cos seus traxes brancos luxados e as súas máscaras como antefaces parecen pierrots candorosos nunha paisaxe brava. Algúns nin sequera teñen ferramentas, soamente a súa inocencia, pero esa xente é a máis temible, a que máis molesta a unhas autoridades desconcertantes que se senten acusadas por esta xente con ferramentas de xoguete.”, gent sense cap preparació lluitant per salvar platges, animals i una vida i un medi delmats de la seva naturalitat.

   Onze anys després, el dimecres 13 de novembre de 2013, la sentència de la via penal, deu anys d’instrucció i vuit mesos de judici, per dictaminar que no es pot determinar qui són els responsables de la catàstrofe, i absoldre als tres únics responsables d’haver-la provocat, el capità Mangouras, el cap de màquines, Argyropoulos, y el director general de la Marina Mercant al 2002, López Sors. “Nadie sabe con exactitud cuál pudo ser la causa de lo ocurrido, ni cuál debería haber sido la respuesta apropiada a la situación de emergencia creada por la grave avería del Prestige, pero nadie puede negar el fallo estructural, ni pudo demostrar en el juicio dónde se produjo exactamente ni por qué razón”. Una sentència que només pot causar indignació. No demostra la ineptitud dels armadors, ni del capità, ni de les autoritats en tot el procés, el que dificulta el procés de demanda d’indemnitzacions, ni de pagar danys i perjudicis als afectats. Les contradiccions en els informes pericials, en els informes de les empreses que avaluen l’estat dels vaixells, i la interpretació de que ni armadors, ni capità ni autoritats tenien intenció ni voluntat de causar danys, malgrat la discutible ordre d’allunyar-se mar endins de Marina Mercant, la justifiquen dient que no hi havia alternativa possible.

   Aquesta sentència ha causat indignació, i inclús les autoritats franceses han anunciat el seu rebuig a la sentència i han anunciat un més que probable recurs.

   I mentrestant, s’ha fet alguna cosa per evitar tragèdies com les del Prestige? Ha augmentat la vigilància? Com diu Suso de Toro, “Se no século XIX o poeta imaxinaba un tempo remoto hoxe isto é un dos lugares máis transitados do planeta, centos de barcos pasan cada día, moitos levando cargas perigosas. E non hai un control certo sobre eles, o radar non chega a cubrir sequera toda a costa e non hai un satélite que vixíe dende o ceo as traxectorias dos barcos para sancionar a todos os que adoitan limpar os seus depósitos precisamente neste lugar. O chapapote nas praias que agora é unha maldición cumprida é unha ameaza amagada todo o ano”, no hi ha un control efectiu sobre els cents, milers de vaixells que passen per la costa gallega. Qui sap si es pot repetir una tragèdia com la del Prestige? Com diu Fernando Ónega, “Y pienso en el movimiento Nunca Máis, esa espontània fuerza popular que acabo en manos de la política. Quizá tendrá que llamarse Ata á Vindeira, Hasta la Próxima, hasta el siguiente crimen perfecto. Porque el Atlántico, a la altura de la Costa da Morte, sigue siendo una autopista de petroleros. ¿En qué condiciones? Sólo lo sabe Dios.”

(extractes de l’article publicat a la Vanguardia -14.11.2013- de Fernando Ónega, El crimen perfecto, i de Suso de Toro, a El País Semanal -8.12.2002- original en castellà, extret de Nunca máis Galicia á intempèrie, publicat per Edicions Xerais de Galicia al 2002)

   No és el Prestige ni el primer, ni l’últim ni l’únic vaixell enfonsat a la zona. Potser el més famós dels enfonsaments, i que Espinàs tracta també en el seu relat, va ser el del Serpent, ocorregut al 1890 a la punta do Boi, on varen morir 172 mariners anglesos, que varen ser enterrats al lloc anomenat “Cementiri dels Anglesos”, prop d’on després s’edificà el far del cap Vilán. Però es poden nomenar fins a quinze enfonsaments més, amb centenars de morts i danys a la costa. 



Cordeleros, sogueros y el negocio del congrio en la Costa da Morte

   De pequeño siempre tuve curiosidad por una cosa que, cada año cuando iba al pueblo de mi padre, cerca de Calatayud, veía en alguna tienda de ultramarinos de la Rúa de Calatayud. Se trataba de una especie de pescado colgado en los aparadores, como seco, parecido al abadejo o al bacalao, pero lleno de agujeros, con un olor y sabor peculiar, y que en los hogares bilbilitanos hacen servir para hacer guisos y arroces.

   Años más tarde, he descubierto el nexo de unión entre el congrio, proveniente de Galicia, y el negocio de cordeleros y sogueros de Calatayud. El cáñamo producido en la ciudad bilbilitana, que de forma artesanal era utilizado para hacer cuerdas y sogas, que se vendían para su uso en el mar, en puertos gallegos o cantábricos. En los siglos XV y XVI, en que empezó este intercambio comercial entre Galicia y Aragón, se hacían intercambios en especie, y así nació la tradición de cambiar sogas y cuerdas por congrio y bacalao. Y así fue como en localidades como Muxía eran muy apreciados los productos artesanales de cuerda y soga para los barcos, producidos en Calatayud; y como en Calatayud comenzaron a ser comunes en la dieta, productos como el congrio o el abadejo, provenientes de la pesca de las costas gallegas.




jueves, 28 de noviembre de 2013

Oficis antics: el drapaire. La vida en un contenidor.

   Els que ja tenim una certa edat i que hem estat gent de barri, segur que recordem encara aquells locals, amb un olor particular, plens de papers i diaris vells, ampolles de cava buides, i inclús, petites muntanyes de ferralla. Sobretot, aquells que, quan hem estat nens, ens hem guanyat algun “duro” a l’anar a vendre diaris vells i ampolles de cava al senyor drapaire, per cobrir les nostres petites despeses, com comprar piruletes, las “chuches” o les bales per jugar,... I és que el negoci dels drapaires, per als nens era, doncs, molt “llaminer”. Recollint una bona pila de diaris (i fent petites trampes com posar pedres planes, perquè tingués més pes), i les ampolles de cava en el dies de festa, tots hem guanyat uns quants duros.

   L’ofici del drapaire, tant menystingut com ha estat, era l’ofici de l’actual reciclador, que ara està tan ben mirat i posicionat. Comprava de tot: draps bruts, paper i cartró, ampolles de cava (que no es tornaven a les botigues, com els antics cascos de les ampolles, que si els tornaves buits, l’ampolla no te la cobraven), paraigües malmesos, roba vella, mobles vells, llibres de vell, i, alguns, també acumulaven ferralla (encara que d’això s’encarregaven els ferrallers). Tots aquests objectes de rebuig servien pel drapaire per fer negoci, revenent-los per al seu reciclatge.

   Hi havia des dels que destriaven entre les muntanyes de deixalles que es deixaven al carrer perquè se les emportessin els escombriaires, passant pels que tenien la típica botiga, on es portaven els diaris, els draps bruts o les ampolles de cava (aquelles botigues que tenien una espècie de sentor com a ranci, com a vell...), o aquells que ja tenien un cert nivell i que recollien i “buidaven cases”, per adquirir mobles vells per restaurar o llibres de vell, o altres peces dignes d’antiquaris o col·leccionistes, molts d’ells abastien el Mercat dels Encants o el Mercat de Sant Antoni.

   Precisament són els Encants o Sant Antoni, allà on el negoci del drapaire encara té un vigor important: els llibres de vell, les revistes, les col·leccions, les postals velles, les pel·lícules en suport vídeo VHS, BETA, o en l’actualitat, en suport DVD, provinents de vendes per part de particulars, o de pisos buidats, al Mercat setmanal dels diumenges a Sant Antoni; els mobles vells, les robes antigues, els quadros, les làmpades, i les restes de sèries de moltes fàbriques tancades, de negocis tancats..., és el negoci que, a diari, fan en el Mercat dels Encants, abans a la plaça de les Glòries, ara al voral de la Meridiana, en el nou i modern emplaçament, amb els seus petits problemes estructurals de goteres i d’altres d’accessibilitat per als minusvàlids a les petites botigues permanents, entre d’altres.

   Els negocis de barri, les petites botigues, aquells baixos amb sentor a antic, a ranci, estan pràcticament en risc de desaparició total. La recollida per part dels ajuntaments i d’altres institucions supramunicipals (mancomunitats, consells comarcals, diputacions,...), i les constants campanyes de conscienciació al reciclatge (darrerament, el famós i molt insistent Envàs, on vas? de la Generalitat de Catalunya), i de la separació per contenidors (el blau pel paper i cartró, el verd pel vidre i el groc pel plàstic i tetra-brics), o la baixada de mobles un dia a la setmana, o els contenidors per a la roba, i la recollida d’olis o d’aparells elèctrics vells, bombetes, piles, bateries, fluorescents..., a les deixalleries (algunes de tipus mòbil, com per part de l’Ajuntament de Barcelona, els famosos punts verds), han fet que els antics petits drapaires hagin estat substituïts per grans corporacions o empreses dedicades al reciclatge i emmagatzemament de productes per al reciclatge, amb el qual els petits negocis han perdut tota la seva vigència.

La vida en un contenidor


   Posem-li nom a una parella de gitanos romanesos: Radu i Marija. Van arribar a Barcelona, com molts altres gitanos romanesos, fa pocs anys, quan Europa va obrir l’espai Schengen a Romania i Bulgària. Com molts altres, dediquen la seva vida a un dels oficis més menystinguts: amb un carretó dels típics carretons de supermercats, anant un carrer i un altre carrer, una plaça i una altra plaça, un passeig i un altre passeig, buscant i destriant entre les deixalles dels abocadors d’escombraries, entre els contenidors del reciclatge, amb un pal per ajudar a destriar i una llanterna per ficar-se dins dels contenidors, i buscar amb major precisió, totes aquelles coses que la gent llença, perquè ja no tenen cap servei, però que poden ser reaprofitades, agafades i ficades en aquests carretons, a vegades en franca competició entre diversos buscadors de deixalles aprofitables: la crisi ha fet que, a part d’haver gent immigrant sense feina, que es dedica a aquesta ocupació, ja no només romanesos, sinó també subsaharians i d’altres nacionalitats,..., també trobem gent del país, que la crisi ha fet cercar coses i objectes, papers, aparells elèctrics abandonats, ferralla, fils i tubs de coure, roba, i fins i tot, menjar..., tot allò que pugui reportar un mínim benefici econòmic per subsistir en aquest món de consumisme, que genera deixalles (cada cop menys, degut a la crisi econòmica), que són aprofitades per aquests recicladors de carrer.

   Molts aprofiten el dia de llençar aparells i mobles vells per cercar amb els seus carretons de destriar entre cables de coure, cargols i peces de ferro, petits guanys de pescador per una gent acostumada a viure al carrer, i intentar treure’n un profit. El que té una mica més de sort (i majors possibilitats econòmiques), compta a una furgoneta, que va, carrer a carrer, cercant aquestes peces preuades amb les quals obtenir aquest mínim per la seva subsistència. La resta, amb els seus carretons, destriant entre la deixalla, i cercant, a vegades introduint-se de forma sencera dins del contenidor, cercant amb el pal i la llanterna, a la cerca del producte desitjat. Jo he arribat a veure a un dins d’un contenidor, d’on només sobresortien els peus, i l’altre subjectant, per treure’l després de la cerca, fructuosa o infructuosa, posant, en algunes ocasions, en risc, el seu físic.

   Moltes vegades, són objecte de disputes, veritables baralles, veritables batalles, veritables curses contrarellotge, entre aquests cercadors, sobretot de ferralla, que veuen com altres s’emporten el seu fruit preuat i desitjat. Moltes vegades, es fiquen en naus abandonades o en habitatges mig enrunats, per cercar tubs de plom, cables elèctrics plens de coure, qualsevol material susceptible de ser mínimament aprofitable per a la seva venda.

   Encara que, realment al veure’ls pel carrer, associem aquesta imatge a imatges de misèria d’altres països del Tercer Món, hem de pensar que és el seu mitjà de subsistir, millor o pitjor, i que de nosaltres depèn també que això sigui així. Ells fan la seva feina, i no podem prohibir-los fer-la. Ells es guanyen la vida d’aquesta manera. Però de la nostra societat (i de la seva voluntat) depèn donar-los l’oportunitat de visquin un altre tipus de vida. És difícil, per la situació que vivim amb la crisi. Però hem d’intentar-ho. Oferint-los feina, cursos de formació i una oportunitat per canviar, i no reproduint escenes de racisme i discriminació, que alguns populistes intenten difondre entre la societat.

   Mentrestant, fan una feina bruta, que a ningú (ni a ells mateixos) no els agrada, però que té un mínim rendiment econòmic necessari per a viure, per a subsistir.

   El diumenge passat, a TV3, el programa 30 minuts va dedicar un reportatge a aquests ferrallers ambulants. El link és aquest: http://www.tv3.cat/30minuts/reportatges/1902/






La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro

   “En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida; pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los Esposos con creciente curiosidad. ‘¿Estará todavía?’, se pregunta, acelerando el paso hasta asomarse a la puerta.
   Está. Sigue ahí, en el banco frente al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para imitar la cripta originaria.
   Si, ahí está. Sin moverse desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego y los siglos. El sombrero marrón y el curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o, más bien, Calabria.
   ‘¿Qué verá en esa estatua?’, se pregunta el guardián. Y, como no comprende, no se atreve a retirarse por si de repente ocurre algo, ahí, esta mañana que comenzó como todas y ha resultado tan distinta. Pero tampoco se atreve a entrar, retenido por inexplicable respeto. Y continúa en la puerta mirando al viejo que, ajeno a su presencia, concentra su mirada en el sepulcro, sobre cuya tapa se reclina la pareja humana.
   La mujer, apoyada en su codo izquierdo, el cabello en dos trenzas cayendo sobre sus pechos, curva exquisitamente la mano derecha acercándola a sus labios pulposos. A su espalda el hombre, igualmente recostado, barba en punta bajo la boca faunesca, abarca el talle femenino con su brazo derecho. En ambos cuerpos el rojizo tono de la arcilla quiere delatar un trasfondo sanguíneo invulnerable al paso de los siglos. Y bajo los ojos alargados, orientalmente oblicuos, florece en los rostros una misma sonrisa indescriptible: sabia y enigmática, serena y voluptuosa.
   Focos ocultos iluminan con dinámico arte las figuras, dándoles un claroscuro palpitante de vida. Por contraste, el viejo inmóvil en la penumbra resulta estatua a los ojos del guardián. ‘Como cosa de magia’, piensa éste sin querer. Para tranquilizarse, decide persuadirse de que todo es natural: ‘El viejo está cansado y, como pagó la entrada, se ha sentado ahí para aprovecharla. Así es la gente de campo’. Al rato, como no ocurre nada, el guardián se aleja.
   Su ausencia adensa el aire de la cripta en torno a sus tres habitantes: el viejo y la pareja. El tiempo se desliza…
   Quiebra ese aire un hombre joven, acercándose al viejo:
-           ¡Por fin, padre! Vámonos. Siento haberle tenido esperando, pero ese director…
   El viejo le mira: ‘¡Pobre chico! Siempre con prisa, siempre disculpándose… ¡Y pensar que es hijo mío!’.
-           Un momento… ¿Qué es eso?
-           ¿Eso? Los esposos. Un sarcófago etrusco.
-           ¿Sarcófago? ¿Una caja para muertos?
-           Sí… Pero vámonos.
-           ¿Les enterraban ahí dentro? ¿En eso como un diván?
-           Un triclinio. Los etruscos comían tendidos, como en Roma. Y no les enterraban, propiamente. Depositaban los sarcófagos en una cripta cerrada, pintada por dentro como una casa.
-           ¿Como el panteón de los marqueses Malfatti, allá en Roccasera?
-           Lo mismo… Pero Andrea se lo explicará mejor. Yo no soy arqueólogo.
-           ¿Tu mujer?... Bueno, le preguntaré.
   El hijo mira a su padre con asombro. ‘¿Tanto interés tiene?’ Vuelve a consultar el reloj.
-           Milán queda lejos, padre… Por favor.
   El viejo se alza lentamente del banco, sin apartar los ojos de la pareja.
-           ¡Les enterraban comiendo! – murmura admirado… Al fin, a regañadientes, sigue a su hijo.
   A la salida el viejo toca otro tema.
-           No te ha ido muy bien con el director del museo, ¿verdad?
   El hijo tuerce el gesto.
-           Bueno, lo de siempre, ya sabe. Prometen, prometen, pero… Eso sí, ha hecho grandes elogios de Andrea. Incluso conocía su último artículo.
   El viejo recuerda cuando, recién acabada la guerra, subió él a Roma con Ambrosio y otro partisano (‘¿cómo se llamaba, aquel albanés tan buen tirador?..., ¡maldita memoria!’) para exigir la reforma agraria en la región de la Pequeña Sila a un dirigente del Partido.
-           ¿Te ha acompañado hasta la puerta dándote palmadas en el hombro?
-           ¡Desde luego! Ha estado amabilísimo.
   El hijo sonríe, pero el viejo tuerce el ceño. Como entonces. Fueron precisos los tres muertos de la manifestación campesina de Melissa, junto a Santa Severina, para que los políticos de Roma se asustaran y decidieran hacer algo.
   Llegan hasta el coche en el aparcamiento y se instalan dentro. El viejo gruñe mientras se abrocha el cinturón de seguridad. ‘¡Buen negocio para unos cuantos! ¡Cómo si uno no tuviera derecho a matarse a su gusto!’ Arrancan y se dirigen hacia la salida de Roma. A poco de pagar el peaje, ya en la Autostrada del Sole, el viejo vuelve a su tema mientras lía despacio un cigarrillo.
-           ¿Enterraban a los dos juntos?
-           ¿A quiénes, padre?
-           A la pareja. A os etruscos.
-           No lo sé. Puede.
-           ¿Y cómo? ¡No iban a morirse al mismo tiempo!
-           Tiene usted razón… Pues no lo sé… Apriete ahí, que sale un encendedor.
-           Déjate de encendedores. ¿Y la gracia del fósforo?
   El viejo, efectivamente, frota y enciende con habilidad en el hueco formado por sus manos. Arroja el fósforo al exterior y fuma despaciosamente. Silencio desgarrado tan sólo por un zumbido de motor, susurrar de neumáticos, algún imperioso bocinazo. El coche empieza a oler a tabaco negro, evocando en el hijo recuerdos infantiles. Con disimulo baja un poco el cristal de la ventanilla. El viejo entonces le mira: nunca ha podido acostumbrarse a ese perfil delicado, herencia materna cada año más perceptible. Conduce muy serio, atento a la ruta… ‘Sí, siempre ha sido un chico muy serio.’
-           ¿Por qué reían de esa manera tan…, bueno, así? ¡Y encima de su tumba, además!
-           ¿Quiénes?
-           ¡Quiénes van a ser! ¡Los etruscos, hombre, los del sepulcro! ¿En qué estabas pensando?
-           ¡Vaya por Dios, los etruscos!... ¿Cómo puedo saberlo? Además no reían.
-           ¡Oh, ya lo creo que reían! ¡Y de todo, se reían! ¿No lo viste?... ¡De una manera…! Con los labios juntos, pero reían… ¡Y qué bocas! Ella, sobre todo, como… – se interrumpe para callar un nombre (Salvinia) impetuosamente recordado.
   El hijo se irrita. ‘¡Qué manía! ¿Acaso la enfermedad está ya afectándole al cerebro?’
-           No reían, padre. Sólo una sonrisa. Una sonrisa de beatitud.
-           ¿Beatitud? ¿Qué es eso?
-           Como los santos en las estampas, cuando contemplan a Dios.
   El viejo suelta la carcajada.
-           ¿Santos? ¿Contemplando a Dios? ¿Ellos, los etruscos? ¡Ni hablar!
   Su convicción no admite réplica. Les adelanta un coche grande y rápido, conducido por un chófer de librea. En el asiento de atrás el fugitivo perfil de una señora elegante. ‘Este hijo mío…’, piensa el viejo. ‘¿Cuándo llegará a saber de la vida?’
-           Los etruscos reían, te lo digo yo. Gozaban hasta encima de su tumba, ¿no te diste cuenta?... ¡Vaya gente!
   Da otra chupada al cigarro y continúa:
-           ¿Qué fue de esos etruscos?
-           Los conquistaron los romanos.
-           ¡Los romanos! ¡Siempre haciendo la puñeta! (…)”

   Una sonrisa de beatitud. Salvatore Roncone ríe y elude el verdadero significado de la palabra beatitud, un significado que, en breve, va a cambiar el ritmo de su ya dilatada pero cada vez menos duradera vida. Y es que beatitud no es más que el derivado del latín beatus, cuyo significado es felicidad. Beatus ille, feliz aquel. Y es que es la felicidad y el alcance a ésta y al sentimiento del amor completo, lo que podría sintetizar esta deliciosa y muy recomendable novela del recientemente desaparecido José Luis Sampedro (Barcelona, 1917 – Madrid, 2013), escritor, ensayista, de ideas claramente humanistas y progresistas, y que abogaba por una economía más humana y solidaria, frente al despiadado y deshumanizante capitalismo. En 2010 se le concedió la Orden de las Artes y las Letras españolas, y en 2011, el Premio Nacional de las Letras Españolas.

   ¿Pero cómo se desarrolla ese concepto de felicidad y de sentimiento de amor completo en La sonrisa etrusca? Villa Giulia, museo romano, un anciano está observando fascinado un sarcófago etrusco que representa a un matrimonio cuya sonrisa resulta misteriosa, enigmática para el viejo, de tal manera que le obsesiona. ¿Por qué ríen?, se pregunta. Su hijo responde: una sonrisa de beatitud. Una sonrisa de felicidad…

   Salvatore Roncone, un viejo campesino del Sur de Italia, calabrés, se dirige a casa de su hijo Renato, en Milán, para someterse a una revisión médica de un cáncer que le está royendo por dentro. La Rusca, le llama el viejo a ese misterioso sujeto interior que está acabando con su vida. De camino a Milán, paran en Villa Giulia para realizar unas gestiones en nombre de Andrea, su nuera, y allí es donde conoce ese sarcófago que tanto le obsesiona.

   Su vida, que ha sido intensa, pero también dura, ha trascurrido siempre en el campo de esa región del Mezzogiorno, del sur de Italia, donde la vida y las costumbres son tan antagónicas con las del Norte de Italia, ese Milán que tanto detesta, y que personaliza, en parte, en su nuera Andrea, cuyas costumbres, e incluso las comidas, son, sin duda, tan contrarias a las de ese sur que tanto evoca el viejo. Eso, y su vida de partisano durante la Segunda Guerra Mundial. El viejo llega, pues, a Milán, con un punto de viejo cascarrabias. Pero algo en ese momento varía. Conoce a Brunettino, su nieto, en el que vuelca todo su afecto, y a través del cual descubre la ternura, la felicidad que nunca había tenido, la felicidad completa. Venciendo todos los impedimentos que la enfermedad, pero también las costumbres modernas y “norteñas” de su familia milanesa, de las cuales quiere salvar a Brunettino, va tejiendo una red de cariño y ternura hacia su nieto, que le hace descubrir todo lo que no había sentido en su vida: la felicidad completa. Y a eso, se añade cuando conoce a Hortensia, una mujer de edad que le ofrece pasión, cariño y ternura, algo que va más allá del tipo de amor que había conocido hasta el momento, algo diferente a las grandes pasiones de su juventud, un amor pleno, sin necesidad de grandes demostraciones de sexo, de demostrar la querencia a la persona. Y por medio, las relaciones familiares, siempre difíciles con la nuera; la obsesión por la muerte del Cantanotte, su rival en Roccasera, su pueblo, su relación con los doctores que le tratan, o la relación con Valerio y los profesores universitarios que quieren estudiar con sus relatos, la antropología calabresa, y, sobre todo, una constante evocación de su vida de partisano en la guerra, la lucha contra los fascistas, que utiliza incluso en su lucha diaria contra las costumbres modernas, a las que compara irremediablemente con los tedescos o los fascistas, con las que quieren educar a su nieto Brunettino. Éste y Hortensia van a ser su salvación, el punto sobre donde pivota su descubrimiento de la felicidad completa.

   Un gran sentimiento de amor, de felicidad, de que la vida es corta y que hay que vivir cada día como si fuera el último, de intentar alcanzar la felicidad completa, esa beatitud, la sonrisa etrusca.