sábado, 5 de octubre de 2013

Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga


"El primer jueves de septiembre, el vapor Roi du Congo trajo ocho cartas para Lalande Biran. Tras recogerlas en el Club Royal, Donatien se las llevó a la Casa de Gobierno junto con una jarra de café.
  • Le escribe su esposa, Christine Saliat de Meilhan, y también su amigo, Armand Saint-Foix – anunció, dejando las dos cartas encima del escritorio –. Las otras son despachos oficiales, de Bruselas. Se quedan aquí, en la bandeja.
Donatien sirvió el café en una taza y aguardó a que Lalande Biran le hiciera un hueco en la mesa. El escritorio estaba repleto de papeles, la mayoría de ellos a medio escribir, con tachones o pequeños dibujos. Había unas diez colillas en un platillo, que Donatien se apresuró a retirar.
  • ¿Ordena usted alguna cosa más, mi capitán? – dijo Donatien después de regresar con el platillo vacío y limpio.
Lalande Biran negó con la cabeza. Había puesto la carta de su mujer encima de todos los demás papeles y la leía mientras daba pequeños sorbos al café.
Antes de salir de la habitación, Donatien recogió los papeles estrujados que había en el suelo y los tiró a la papelera de junco. En todos figuraba el mismo título, escrito con mayúsculas: Duelo entre reyes.
  • Con su permiso, voy a ir a organizar un poco el almacén del club – dijo desde la puerta –. El Roi du Congo ha traído un montón de cosas. Si no me muevo pronto aquello se me llenará de ratones. La verdad, me daría rabia que los ratones probaran el salami antes que nosotros.
  • Como no te marches enseguida, te voy a mandar a la habitación de abajo para toda la semana – le amenazó Lalande Biran. La habitación de abajo era el calabozo de la Casa de Gobierno.
Donatien hizo un saludo militar antes de desaparecer por la puerta.
Como en todas las cartas anteriores, el asunto que más preocupaba a su esposa eran las casas; más concretamente, la casa que quería comprar en St-Jean-Cap-Ferrat. El escrito estaba salpicado de números, y al final, encima de la firma, resaltaban estas palabras: Essaie, mon chéri – inténtalo querido –. Estaban escritas con letra más gruesa, como si Christine hubiera empapado bien la pluma en el tintero antes de trazarlas.
Encendió un cigarrillo. El empeño de su mujer le ponía nervioso.

Recuerda que cuando hablamos en el jardín de Bruselas escogimos el 7 y el 5 como números mágicos: 7 casas en 5 años – escribía Christine. Él podía oír la voz limpia, cristalina de su mujer detrás de sus palabras –. Sabes bien, capitán, que los números han cambiado. Llevas ya 6 años en África, y para ser dueños de la casa de St-Jean harán falta dos partidas más, 10-500 y 10-500. Inténtalo, capitán. Te lo pido yo y te lo pide nuestro amigo Armand. Supondrá, como máximo, un año más, y así los números coincidirán: 7 años, 7 casas. Van Thiegel te ayudará. Habla con él, seguro que estará dispuesto a hacer un esfuerzo extra.

Cuando Christine escribía 10-500, quería decir 10 colmillos de elefante y 100 troncos de caoba. Lalande Biran se llevó el cigarrillo a la boca. Era mucho. Christine hablaba de un par de partidas, pero no siempre resultaban exitosas. A veces pasaban días y días sin ver un solo elefante.
Los mandriles gritaban en la selva, nerviosos por el fuerte aguacero que estaba cayendo. Por una vez, el bullicio no le afectó. Estaba preocupado. Tenía en la cabeza una inquietud que le impedía prestar atención a todo lo demás. Se preguntaba por el contenido de la segunda carta que estaba sobre la mesa. Llevaba un sello de la casa real belga y otro del consulado de Léopoldville, y era bastante voluminosa. La letra redondeada de Toisonet recorría el sobre de extremo a extremo. Dejó a un lado la carta de su mujer, y no esperó más para abrirla".
Hoy os voy a recomendar un libro del autor vasco Bernardo Atxaga, Siete casas en Francia, editado por Alfaguara en 2009, y que proviene de una edición en vasco titulada Zazpi etxe Frantzian.

No es la primera vez, con este libro de las Siete casas en Francia, que leo a Bernardo Atxaga. Cuando leí El hijo del acordeonista, Bernardo Atxaga, a pesar no ser un escritor novel, empezaba a tener un cierto renombre en este universo de la novela, en el que ahora parece tan fácil acceder, tan fácil parece triunfar, tan fácil resulta tener éxito, pero no es tan fácil encontrar un sitio en la literatura real, en esa que todo el mundo recuerda. El éxito efímero es fácil en nuestra época actual, pero el ingreso en el reducto selecto de literatos o novelistas que realmente cuentan es difícil. Atxaga parece que no es precisamente de éxito efímero, que puede considerarse un escritor a ingresar en el mundo de la literatura vasca y española por mérito propio.
Sus novelas, que han tratado mucho sobre el País Vasco, sobre esa Euskadi en la que nació y de la que él hace relatos sublimes, una instantánea de imágenes de sus paisajes, pero también de sus sentimientos, que trata sin ambages sobre el problema vasco, sobre la génesis y desarrollo del fenómeno etarra.
Pero en Siete casas en Francia abandona la temática sobre el País Vasco, pero, aunque la acción se sitúa en el Congo Belga de finales del siglo XIX, su temática es de una rabiosa actualidad tremenda, pues la ambición de poder, la envidia, la corrupción y evasión de capitales, son temas que aparecen en este relato, pero también están en el relato de la actualidad, de nuestra actualidad. Bajas pasiones que se encuentran en este relato, bajas pasiones las que marcan nuestro relato actual, en la que cada mañana nos despertamos con noticias que bien podrían igualarse a este relato de Atxaga.
Pero volviendo a Siete casas en Francia, la ambición de poder de la mujer de Lalande Biran hace que, por capricho propio, quiera tener siete casas allí donde se cuece lo más importante, donde la nobleza se reúne, como muestra de su éxito y de sus ansias de poder, y por ello no dudará en forzar a su marido a que haga todo lo posible, aun fuera de lo legal, para conseguir el máximo capital posible para poder llegar a conseguir ese objetivo: las siete casas en los centros de poder europeos.
Pero la acción del relato se sitúa en Yangambi, en plena selva africana, en pleno Congo Belga, a finales del siglo XIX, bajo el reinado de Leopoldo II. Todo funciona a las mil maravillas en Yangambi, donde un destacamento militar comandado por Lalande Biran, y seguido de éste, de una oficialidad que le sirve a pies juntillas para cumplir su objetivo, como Van Thiegel, Donatien o Richardson, se dedica a subyugar a las tribus locales y al negocio de la teca, el caoba, los cuernos de rinoceronte o los cuernos de elefante, mientras esa oficialidad, corrupta, se dedica a vivir la vida sin demasiados escrúpulos, a vivir de la bebida y de los excesos con mujeres de las tribus locales. Pero un día, llega un personaje que va a trastornar todo ese mundo: Chrysostome Liège. Y es ahí, cuando afloran las bajas pasiones de las personas, la ambición y la envidia. La enigmática personalidad de Liège, un soldado tan buen tirador como poco mujeriego y poco dado a esa vida de bons vivants que llevan sus compañeros de oficialidad, sobre todo a eso, a los excesos con las mujeres, por su temor a las enfermedades de transmisión sexual que tiene desde pequeño, desata la envidia y las bajas pasiones de sus compañeros. Su pureza, su gran devoción por la Virgen y por mantenerse virgen, se ve truncado por un hecho, provocado por sus compañeros, que no pueden ver a ese triunfador como compañero suyo sin que tenga los mismos vicios que ellos, que se interpreta como que se ha topado con su talón de Aquiles personal, eso que le hace flaquear, la atracción para con una mujer.
Y ahí se va desarrollando la trama. Entre las más oscuras pasiones que el género humano alberga en su sino. Os recomiendo esta novela de Atxaga. Es deliciosamente recomendable y de lectura fácil. Os gustará.


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